Los escritores de Stephen King

Nadie podrá negar que a Stephen King le sobra imaginación. El autor de Maine empezó a escribir en la adolescencia, dio la campanada a los veintipocos años con su primera novela –Carrie– y desde entonces no carrieha parado de crear. Ha hecho relatos cortos que son una dosis concentrada y letal de terror, y volúmenes cúbicos que obran el milagro de enganchar a los lectores a lo largo de más de un millar de páginas. Incluso tiene una novela –La danza de la muerte– que es una versión corta de una más grande, el Apocalipsis. Cuando hablamos de corta queremos decir que la síntesis sólo tiene seiscientas páginas y pico. La versión completa duplica esta cifra…

Uno de los hechos más destacados de las novelas de King es que muchos de sus personajes son escritores. Sin duda para alguien con una imaginación tan fértil, tan minucioso a la hora de buscar información, no debería ser nada complicado documentarse sobre la vida cotidiana de, por ejemplo, cirujanos, camioneros, profesores o astronautas; máxime en los tiempos de Internet, aunque cuando él comenzó a escribir lo hizo en una máquina de escribir, en un rincón de la caravana en la que vivía con su mujer y sobre una mesa que aún encima era coja.

Al menos dos de las novelas de King tienen ya no al escritor, sino a la propia escritura, como protagonista principal: Misery y La mitad oscura. En el primer caso, una loca secuestra a su escritor favorito para miseryobligarle a que continúe una saga de la que es fan; en el segundo, el escritor de turno es secuestrado por su propia creación literaria. Sherlock Holmes poniéndole a Conan Doyle el puñal en el cuello para vengarse por su caída en la cascada de Reichenbach.

En otras ocasiones el escritor protagoniza la obra no como víctima sino como encarnación del monstruo. Sólo hay que pensar en Jack Torrance, el escritor autodestructivo que acaba sus días como conserje del Hotel Overlock.

No son célebres, no hemos leído nada de ellos, pero quienes nos dedicamos a la escritura nos reconocemos en muchos de sus rasgos. Y eso nos da cierto miedo.

Si hubiera que hacer un ránking con los escritores más destacados del universo de Stephen King, éstos son los primeros a quienes pediríamos un ejemplar dedicado de su obra… aun a riesgo de que nos firmasen el autógrafo con un dedo de hueso untado en nuestra propia sangre…

  1. Comeríamos con Ben Mears en la acogedora terraza de su pensión, aunque quizás no le el-misterio-salemaceptaríamos una invitación a cenar. Este escritor optó por volver al pueblo en el que había pasado su infancia y escribir una novela sobre él. El pueblo era Salem’s Lot; un lugar apacible excepto por la casa de los Marsten, un edificio siniestro. Coincidiendo con su regreso, la casona vuelve a tener habitantes. Y muchos de los habitantes del pueblo empiezan a adquirir hábitos extraños, como dormir por el día y beberse la sangre de sus vecinos por la noche (El misterio de Salem’s Lot).
  1. Bill Denbrough nos haría reír hablándonos de su grupo de Los Perdedores. Su tartamudez se haría más evidente, sin embargo, cuando al autor de best-sellers le preguntásemos sobre los extraños fenómenos de las alcantarillas de Derry, ciudad donde los payasos van armados y en ocasiones se pierden para siempre algunos niños (It).it
  1. Nos lo pensaríamos mucho antes de reunirnos en un local público con Paul Sheldon. El autor de best-sellers románticos tiene admiradoras demasiado peligrosas. Un accidente de tráfico, un secuestro, torturas que incluyen una amputación… y una demostración de que el amor por la literatura es más fuerte que el instinto de supervivencia (Misery).
  1. Como no todo van a ser novelas, Clay Riddell nos deleitaría con sus álbumes de historietas. A este escritor e ilustrador le persiguió la mala suerte cuando acababa de firmar un contrato con una buena editorial. Seguro que nos lo contará si antes nos comprometemos a apagar los teléfonos móviles y dejarlos bien guardados (Cell).cell
  1. Mike Noonan sería una buena compañía para echar la sobremesa en su cabaña de Sara Risa, a orillas del lago, escuchando antiguas historias de fantasmas… y estremeciéndonos con el recuerdo de ciertos años donde a la gente se le perseguía por el color de la piel. Eso sí; nos despediríamos de él educadamente tras escuchar los llantos infantiles en una casa en la que hace mucho que no vive ningún niño (Un saco de huesos).

 

  1. Tess Thorne nos podría contar cosas muy interesantes sobre la Sociedad de la Calceta y los todo-oscuro-sn-estrellascarruseles de escritores que van haciendo giras, promocionando sus obras y ganándose un dinero que viene muy bien para sobrevivir mientras escribes la próxima novela, que seguro que va a ser un best-seller. La acompañaríamos hasta su casa, por si vuelve a asaltarla el infame Camionero Grande… aunque es una mujer que ha demostrado que sabe defenderse bien a sí misma (Camionero grande, incluido en Todo oscuro, sin estrellas).

 

  1. El aspirante a Premio Nobel John Marinville llegaría a nuestra cita con puntualidad, a bordo de sudesesperacion Harley y con su libro de notas a mano; pero le haríamos esperar unos minutos hasta la aparición de su compañero Steve Ames, a bordo del camión que le va ayudando en su viaje novelado de costa a costa. También le pediríamos que hiciera la vista gorda cuando viera bajarse del vehículo a Cynthia, una joven autoestopista. Quedaríamos con ellos en un lugar bien concurrido a orillas del desierto y nos escaparíamos al ver llegar a algún ayudante de sheriff de modales demasiado corteses (Desesperación).
  1. Si nos citásemos con Bobbi Anderson le pediríamos que se diera antes una buena ducha. Esta escritora solitaria decidió dejarlo todo y refugiarse del mundo y de sus propios demonios en una tommyparcela familiar ubicada en el borde de la infinita extensión de bosques de Nueva Inglaterra. Una mañana, paseando con su perro, tropezó con una pequeña pieza de metal que llevaba millones de años hincada en la roca… su curiosidad de escritora le instó a empezar a excavar…y a ella y a su entorno empezaron a pasarles cosas (Tommyknockers).
  1. No tendríamos problema en conocer a Thad Beaumont, a su mujer y a sus encantadores gemelos, y en tomarnos un café con él en algún parque sin gorriones… aunque las objeciones se multiplicarían cuando nos presentara a George Stark, su alter ego de ficción que acabó cobrando vida y castigándole por haberle relegado (La mitad oscura).
  1. No dejaríamos que Jack Torrance pagase la cuenta de los bourbon… ni aceptaríamos la invitación nickolsondel barman Lloyd. La figura y los modales de este escritor ex alcohólico son indistinguibles de su alter ego en el cine, Jack Nicholson, aunque algunos lo asociarán de manera inevitable al resplandorHomer que, sin tele ni cerveza… perdía la cabeza. Orgulloso, atormentado -como buen escritor- y atrapado en un hotel siniestro durante todo un invierno… el resto lo sabemos en gran medida gracias a la película de Kubrick (El resplandor). Por cierto, que Torrance volverá a aparecer, de alguna manera, en Doctor Sueño, la novela protagonizada por su hijo Danny.

mientras-esriboHemos dejado para el final la joya de la corona: el mismísimo Stephen King, autor y protagonista de Mientras escribo; una referencia imprescindible para aquél que esté interesado en la vida y milagros del escritor de Maine… y para todo el que quiera acercarse a una persona que, más allá de su fama internacional, es un verdadero técnico en su oficio. Un profesional con mucha mili.

Por cierto, que nuestro Crudos Sucios Sangrientos le hace un anti-homenaje, Crudos sucios sangrienosquizás un poco descarnado, en el relato La chica que amaba a Stephen King. La protagonista no es una escritora, sino una fan adolescente perversa y ligera de cascos que logra arrastrar a un compañero de estudios hasta el pozo oscuro, lleno de sangre, semen y agua hirviendo, de su propia conciencia…

Beltrán & Selva.

@cristinaselva

@antoniombeltran

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