El libro

Crudos Sucios Sangrientos es un libro de relatos más o menos cortos –según les dio la mata a sus autores con cada uno de ellos–. Dichos cuentos contienen historias perversas, disparatadas y desagradables –no todas, algunas hasta hablan de amor…–, pero imaginativas y muy potentes.

Este libro ha tardado en gestarse alrededor de un año, el tiempo que emplearon los autores en compilar sus relatos más crudos, más sucios y más sangrientos y en crear otros nuevos del mismo estilo. El resultado es un conjunto de narraciones sorprendentes y terroríficas, nada aptas para lectores sensibles.

En Crudos, Sucios, Sangrientos encontrarás –si te atreves a pasar de las primeras páginas– con  alienígenas, vampiros, asesinos, locos, sicarios, psicópatas, fantasmas… y, en general, personajes muy poco recomendables de almas retorcidas, sucias y oscuras. Además de crimen, sexo, miedo, violencia, vísceras y sangre, mucha sangre… Por supuesto, estás a tiempo de echarte atrás, pero si comienzas a leerlo, cuidado; porque puede que te atrape.

Aquí te dejamos algunos pequeños fragmentos de varios cuentos para saber si te animas a leerlo o, por el contrario, sales corriendo:

 

De “La autopsia de la araña”

De camino llamó a Andechaga, un agente experto, cerca ya de jubilarse, que seguía haciendo calle porque decía que si lo metían en una oficina lo mataban.

–A la orden mi teniente. Esto tiene que verlo, joder, esto no es de por aquí. Es lo más raro que me he encontrado en las cuatro décadas de profesión que llevo a mis espaldas.

–Pero algo me podrás decir, Andechaga, por tu puta madre, ¿es un cadáver de qué?

–Esa es la historia mi teniente, que no tenemos claro de qué.

–¿Estado de descomposición?

–Por el olor que desprende diría que está medio podrido, pero de aspecto parece recién muerto. Tiene la piel marrón, muy gruesa, como el cuero. Es como un mono gigante, hinchado y pelado.


De: “La infame no-vida del decapitador”

…los brazos musculosos de los decapitadores habrían subido y bajado sin cesar durante días y más días, asestando un tajo tras otro hasta estar a punto de morir ellos mismos ahogados entre los charcos de sangre que formaban auténticas lagunas a los pies del patíbulo; lagos viscosos en las que flotarían las cabezas cercenadas de sus víctimas, mirándoles con ojos inocentes en los que se habría leído toda la pena, el asco y la vergüenza de la Humanidad.


De “La boca del infierno”

Un niño, cachorro, enano o lo fuera, dejó el cuerpo de Gerardo el tendero y se dirigió a él con sus ojos rojos vacíos de mirada, emitía gruñidos de delectación y olfateaba el aire. Bonifacio empuñó su hacha dispuesto a sacarle las entrañas a ese maldito hijo de Satanás, aunque fuera lo último que hiciera, pero la criatura fue tan rápida y tan violenta que cuando se dio cuenta ya notaba la sangre de su cuello siendo sorbida con avaricia por el cachorro. La conciencia se le iba y lo único que atinó a pensar fue que no era nada elegante morir apestando a mierda. Su brazo se movió por el instinto y el hacha entró varias veces en la carne y el cráneo de aquella pequeña bestia derramando sobre él un líquido viscoso y maloliente como la sangre podrida.


 

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