Da un paso más, a ver si le ves los dientes

         Que el mundo exterior está lleno de peligros ya lo sabían los ratoncillos que correteaban entre las garras de los dinosaurios; y nosotros, sus tataranietos, lo comprendemos perfectamente. El día está lleno de cazadores hostiles que atacan sin avisar, sea en forma de conductores homicidas o de cartas de Hacienda. Por la noche actúan los borrachos agresivos, los perros rabiosos y los murcigleros -una palabra que por sí misma ya da miedo-. Cuando creemos estar a salvo en nuestra cama nos golpean nuestros propios pensamientos, capaces de envolvernos durante toda una eternidad en la telaraña de una pesadilla estremecedora o hacer que nos despertemos llorando tras haber enterrado a las personas a las que más queremos.

         miedoEl miedo es un sentimiento universal. Los peces que no tienen miedo a los tiburones acaban muriendo entre sus dientes, mientras los más timoratos viven más tiempo y tienen millones de huevos, todos ellos con ese mismo gen que les hace recelar de las formas demasiado grandes y oscuras. Los gatos se pasan la vida delatando a los fantasmas; los perros los ahuyentan dando voces. La cucaracha, esa concentración de terror doméstico que aún encima es capaz de volar, echa a correr cuando nuestra zapatilla se acerca asqueada para terminar con ella, propulsada por una sensación desagradable, de peligro grave e inminente, que debe de ser muy parecida a nuestro miedo. Sigue leyendo “Da un paso más, a ver si le ves los dientes”

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